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Retos del sistema registral de PI en Bolivia en tiempos de coronavirus

Como preámbulo, debemos reconocer que ninguno de nosotros o las instituciones del país se encontraban listas para afrontar un reto como el que significa la pandemia, la cuarentena, y el retorno a la nueva normalidad.

Por Carlos Mario Bilbao la Vieja Quitón, cm-bilbao@hotmail.com

Como preámbulo, debemos reconocer que ninguno de nosotros o las instituciones del país se encontraban listas para afrontar un reto como el que significa la pandemia, la cuarentena, y el retorno a la nueva normalidad, de ahí se ve que cotidianamente, tenemos más dudas que certezas, pese a que tuvimos un tiempo relativamente razonable para prepararnos dado a que el primer caso positivo se detectó recién el 10 de marzo del presente.

Una de las características de la economía boliviana es precisamente la informalidad, aspecto que se ve reflejado no solamente en la gran cantidad de empresas unipersonales (léase autoempleo) –que seguramente se incrementarán en la era post cuarentena- sino en aspectos como el registro de propiedad intelectual relacionada con su actividad comercial.

Retos desde la frágil institucionalidad

De modo que uno de los grandes retos del periodo que se avecina es precisamente el difundir las ventajas que las herramientas de propiedad intelectual brindan a sus titulares, desde la esfera comercial en la que pasa del clásico uso exclusivo de marcas y signos para distinguir productos y/o servicios en el mercado, hasta el constituirse en herramientas no tradicionales de ingresos para sus titulares, a través de licencias, de constituir estos bienes intangibles en garantías a efectos de acceder a créditos, la obtención de regalías por el uso de las mismas por terceros, esto a razón de que el mismo mercado para estos bienes/servicios se verá afectado al menos en el mediano plazo.

En consecuencia, y dada la baja cultura registral que caracteriza también a este sector, es que el reto de revalorizar esta materia entre los actores relevantes, es decir entre empresas, emprendedores, innovadores, y creativos en particular, aspecto que debe enmarcarse dentro de la creciente economía naranja, que se ha constituido en un vector de desarrollo y de crecimiento en otras latitudes.

Los bolivianos, no solo tenemos el potencial creativo innato, puesto que muchas veces en aras de salvar circunstancias adversas, la necesidad hace que la actividad creativa se incremente, ofertando productos novedosos o servicios otrora inauditos; en tal sentido, esta pandemia a la que hacemos frente no es sino otra oportunidad de impulsar esta actividad creativa, que debe acogerse también a las herramientas de la propiedad intelectual.

Este escenario, brinda también la oportunidad de que la labor administrativa de las oficinas registrales adquiera mayor importancia en un mercado deprimido, apoyando y resguardando esta capacidad de innovación, para fomentar en la conciencia de la colectividad el concepto de que acceder a ellas no es una carga burocrática sino una inversión valiosa.

EL reto se comparte por la parte estatal, que en la actualidad se limita a ser meramente registral, para fomentar la actividad creativa permanente, con herramientas prácticas.

El SENAPI reconociendo este contexto y preparándose para afrontar estos retos, acertadamente, ha desarrollado mecanismos de difusión de la materia a través de redes sociales, de modo que esta información sea revelada a un universo mayor de bolivianos, que desconocían las características de la materia o simplemente no le daban la importancia que pueden llegar a tener en la práctica, este debe ser acompañado y alimentado desde las esferas de estudiosos de la materia, usuarios y potenciales usuarios de la misma para posicionarla como un recurso no tradicional relevante.

De igual forma, el permitir un mecanismo preliminar para la presentación de solicitudes y trámites a través del correo electrónico a partir del pasado 20 de abril, significa también un hito para esta institución, a modo de no paralizar su actividad, viniendo de la mano de la difusión antes resaltada, para poner en práctica el énfasis que se hizo en la difusión de las bondades del sistema registral, sin embargo es evidente que este sistema aún debe mejorar y consolidarse en una verdadera plataforma de presentación virtual y no solo una reserva de presentación, dado a que en la actualidad la recepción se ve colapsada con la ratificación de los trámites presentados por el correo electrónico, dificultando el retorno a un flujo en la recepción de nuevos trámites.

En Bolivia el reto está planteado para continuar con la difusión de las herramientas de PI, las posibilidades de las herramientas que esta brinda a efectos de impulsar su protección y registro, no como un trámite burocrático necesario y “accesible”, sino como una herramienta útil, que pueda generar beneficios a sus titulares; más si consideramos que el escenario inmediato caracterizado por una recesión económica va significar que cualquier intención de registro por parte de los usuarios tradicionales de la institución no será prioritaria, respecto a otras cargas, y efectos generados a partir de la pandemia del codvid-19.

Retos desde la población

En estos días que tuvimos la posibilidad de reflexionar y buscar formas nuevas de realizar nuestras actividades, diversificando nuestros ingresos u optimizando los que ya teníamos; nos toca como personas de a pie asumir este reto desde nuestras trincheras, de modo que nuestra productividad se incremente a la par de que las restricciones vayan cesando.

Dado a que la labor estatal, es el fomento y en el particular el registro para su protección, la responsabilidad de asumir medidas que permitan el mejor aprovechamiento de las herramientas de PI, no solo recae en el Estado, y sus políticas de fomento y reactivación económica; puesto que al constituirse estos intangibles en bienes y herramientas comerciales, es también responsabilidad y deber de los titulares el utilizarlas de forma que se conviertan efectivamente en vectores útiles y puedan generar beneficios.

Entonces, queda como tarea pendiente el buscar estrategias y mecanismos para instrumentalizar efectivamente estos intangibles, según las características particulares de estos, poder dinamizar la economía, invitando en este contexto a considerar estrategias que ya fueron empleadas luego de periodos extraordinarios.

Estrategias para sobrevivir en tiempos excepcionales: las marcas blancas.

Definitivamente el comercio es una actividad dinámica, cuyos actores suelen acomodarse a los tiempos cambiantes, procurando satisfacer las necesidades para mantenerse vigentes, aspecto que no es ajeno a las empresas en este singular y excepcional periodo emergente de la pandemia del Coronavirus, cuyo fin está aún lejos de terminar.

Este periodo de excepción, ha demostrado la flexibilidad de los actores de esta sociedad, y si bien el mercado nacional sigue teniendo una gran presencia de informalidad, ha visto – principalmente en centros urbanos – un cambio en el comportamiento y preferencias de los consumidores, factor que no puede ser ajeno a las estrategias comerciales de las empresas, que buscan sobrevivir a esta crisis que tiene impacto en sus finanzas y posicionamiento.

Ahora el consumidor habitual, acude a centros de expendio masivo de productos, y procura optimizar el uso de sus recursos, en este sentido, los empresarios y productores, ven afectados sus técnicas de mercadotecnia, enfocada principalmente a copar espacios publicitarios en los distintos medios para lograr su visibilidad en el potencial consumidor, acudiendo a diversos y creativos métodos para posicionarse en el subconsciente del consumidor. Esta estrategia, legítima desde todo punto de vista, puede no ser la más adecuada para mantenerse a flote en el contexto citado, sin embargo, existen otras estrategias a considerar, principalmente para empresas menos destacadas y que pretendan sobrevivir a esta crisis atempore.

Esto es acudir a las denominadas marcas blancas (o marcas de distribuidor), figura que se encuentra en pleno uso en mercados más desarrollados, que no deja de ser una alternativa para estas empresas; estas hacen referencia a signos que identifican productos que cuenten con una calidad idéntica o similar a aquellos que son objeto de costosas campañas publicitarias (marcas de fabricante), sin acudir a estas erogaciones que las hacen más costosas para el consumidor final, sino que son aquellos signos que identifican una gama de productos, principalmente alimenticios o domésticos que corresponden a la cadena de distribución que los comercializa (supermercados, distribuidores, agencias, etc.), que suelen en la práctica tener un costo inferior a aquellos productos distinguidos por marcas líderes o de productores, además de tener mayor incidencia en promociones en el giro cotidiano de su titular.

Resulta curioso que, en mercados formales, muchas de las empresas distribuidoras y supermercados (tan requeridos en estos tiempos), vean un exponencial requerimiento de estos productos, por sus clientes recurrentes y resulta una alternativa interesante para mercados del tipo informal que buscan salvar la economía de sus productores y fabricantes, antes que un posicionamiento en el largo plazo.

Estas, al igual que las marcas de productor, deben ser protegidas adecuadamente por las herramientas que la propiedad industrial brinda principalmente a efectos de responsabilidad y de garantía de calidad, ya que usualmente suelen tener un público cautivo, vinculado directamente con la forma en que estos son comercializados.

Esta – entre otras – es una estrategia más a considerar para afrontar la nueva normalidad a adoptarse en nuestra sociedad, que aún no ve definidos las nuevas costumbres que afecten el mercado, ni se tiene certeza sobre cuánto tiempo va a extenderse, ya sea ofertando este tipo de productos, (en el caso de intermediarios, distribuidores y retailers), o, para el caso de fabricantes, suscribiendo los acuerdos comerciales adecuados con estos para colocar sus productos bajo estas modalidades.

Finalmente, hacer referencia a por que del nombre de marcas blancas: Estas se originaron a mediados del siglo pasado (principalmente en la Alemania de post-guerra y países industrializados), en atención a la necesidad de los consumidores de adquirir productos de primera necesidad y uso doméstico inicialmente priorizando el precio, sobre la calidad de los productos que cubrían tales necesidades sin importar la marca que usualmente eran comercializados en envases sin identificar de color blanco y sin envases novedosos y atractivos; en la actualidad estos productos no suelen distinguirse como de menor calidad, pero si tienen una nula o menor presencia en publicidad y acuden a formas usuales en relación a su presentación y empaquetado, lo que las hace mucho más económicas y suelen ser transversales a una amplia gama de productos ofertados.

Marcasur Magazine
Marcasur Magazine - Edición Nº 84