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Abogados en ascenso: Frederick Vega

Su llegada a la propiedad intelectual no fue resultado de un plan profesional definido desde el inicio. Surgió casi por casualidad, a partir de una entrevista laboral que terminaría marcando el rumbo de su carrera. Hoy, desde BDO Costa Rica, combina la gestión de portafolios marcarios nacionales y regionales con un enfoque estratégico en la protección de los activos intangibles.

Abogados en ascenso: Frederick Vega

Frederick Vega, abogado de BDO Costa Rica.

Por Claudia Pérez

Su primer acercamiento a la propiedad intelectual ocurrió antes de comenzar a ejercer como abogado. Hasta entonces, su experiencia profesional estaba vinculada principalmente al sector bancario. En la universidad había tenido contacto con la materia, durante una clase que despertó su curiosidad, aunque en aquel momento no imaginaba que terminaría dedicándose a ella.

La oportunidad apareció durante una entrevista laboral en Lexincorp. El puesto estaba relacionado con un proyecto de derecho cooperativo, que incluía cobro, liquidación, asuntos registrales y cuestiones penales. Antes de la entrevista, decidió investigar a su entrevistadora: la abogada Gabriela Miranda Urbina, especialista en propiedad intelectual.

«Al revisar su CV y experiencia me di cuenta de que era especialista en Propiedad Intelectual. Recuerdo que al ver esto, resonó mucho en mi mente, como una oportunidad en la cual tal vez en algún momento iba a poder aprender», recuerda.

Aunque finalmente fue seleccionado para el proyecto de derecho cooperativo, comenzó a colaborar en sus tiempos libres con Gabriela, a quien actualmente reconoce como su mentora en esta área.

Un recorrido por distintas ramas del derecho

Durante un período combinó el derecho cooperativo, la propiedad intelectual y el cobro judicial. Más adelante pasó a Gestionadora de Créditos, donde se dedicó a la gestión de carteras de cobro judicial. La experiencia le permitió adquirir nuevas herramientas, pero también confirmar qué área disfrutaba realmente.

«Sin lugar a dudas extrañaba la propiedad intelectual que es lo que realmente me gustaba», afirma.

La innovación, la tecnología y todo aquello relacionado con la creación y la invención terminaron de definir su interés por esta especialidad.

Su regreso definitivo se produjo mientras trabajaba en el Tribunal Supremo de Elecciones. Gabriela Miranda, ya incorporada a BDO Costa Rica y en proceso de conformar su equipo, le propuso sumarse al proyecto. Frederick aceptó y retomó así su camino profesional en esta área.

Una formación desde distintos ángulos

Antes de consolidarse en la práctica privada, su recorrido profesional también incluyó experiencias en el sector público. Su paso por el Ministerio Público se produjo en paralelo con su trabajo en Lexincorp y formó parte de los requisitos para concluir la carrera de Derecho. Allí tuvo contacto directo con el ámbito penal y con una dinámica profesional distinta de la que conocía hasta entonces.

Aquella etapa estuvo marcada por el esfuerzo y el aprendizaje. Durante el día trabajaba en Lexincorp y, por las tardes y noches, realizaba su práctica en el Ministerio Público.

La experiencia le dejó herramientas que hoy considera aplicables a la propiedad intelectual: capacidad de análisis, atención al detalle y una aproximación práctica a los problemas jurídicos.

«Me dio la capacidad de analizar las cosas de manera más profunda, poder ejecutar tareas de una forma más detallada y siempre tratando de buscar un traje a la medida para cada situación desde la práctica jurídica», explica.

Posteriormente, su paso por el Tribunal Supremo de Elecciones le permitió aproximarse al derecho electoral y conocer otra dimensión de la administración pública. De esa experiencia destaca el sentido de compromiso y la importancia de cuidar cada detalle para alcanzar resultados de calidad.

Estas experiencias contribuyeron a definir una forma de ejercer el derecho que hoy traslada a la propiedad intelectual: analizar cada situación de manera particular y evitar soluciones meramente estándar.

La gestión de marcas va más allá del trámite

En BDO Costa Rica comenzó como asistente legal y progresivamente asumió mayores responsabilidades hasta convertirse en abogado, con especial énfasis en la gestión de portafolios marcarios en Costa Rica y otros países de Latinoamérica.

El trabajo exige coordinar distintos clientes, plazos y legislaciones, por lo que el orden y la atención al detalle son fundamentales.

«La coordinación de portafolios no es solamente solicitar marcas y renovar; es ir más allá, es ubicar oportunidades de negocio y recomendarle al cliente acciones a tomar para proteger sus intangibles», sostiene.

Los casos contenciosos ponen a prueba la creatividad

Entre las tareas que ha desarrollado —inscripciones, renovaciones, oposiciones, cesiones y estudios de disponibilidad—, los procedimientos contenciosos son los que más despiertan su interés. Las oposiciones, las respuestas de fondo y los recursos frente a decisiones del Registro de Propiedad Intelectual son, para él, los asuntos que más exigen capacidad técnica y creatividad jurídica.

«Estos trabajos conllevan el diseñar un traje específico para cada situación, lo cual es un reto, ya que requiere lectura, innovación y generación de nuevas ideas», afirma.

El resultado de ese trabajo también es parte de lo que más valora de esta práctica.

«No hay mayor satisfacción que realizar uno de estos procesos y ver que los argumentos han sido admitidos y que se le dio curso a la solicitud o gestión pendiente», añade.

Una práctica cada vez más regional

Desde su perspectiva, Costa Rica cuenta con un sistema de propiedad intelectual relativamente accesible, favorecido por la digitalización de los trámites. Sin embargo, su experiencia gestionando portafolios en Latinoamérica le ha mostrado que, aunque existen similitudes entre las legislaciones, cada jurisdicción tiene sus propios «bemoles».

Coordinar una cartera regional requiere organización, capacidad de anticipación y conocimiento de las particularidades de cada mercado. En este contexto, formar parte de BDO aporta una dimensión internacional a su trabajo, respaldada por la presencia de la red en 166 países.

«Para mí, formar parte de una estructura como esta también representa una responsabilidad, ya que cada trabajo que se realiza lleva consigo la confianza que el cliente ha depositado en la oficina», comenta.

La formación registral como complemento

En 2023 completó una especialidad en Derecho Notarial y Registral, inicialmente motivado por el interés en comprender mejor el sistema registral costarricense.

Con el tiempo, esa formación adquirió especial relevancia para su práctica en propiedad intelectual, debido al fuerte componente registral de buena parte de las gestiones que realiza.

«Una especialidad en este ámbito permite tener una visión integral, tanto desde el punto de vista privado como desde la función pública de la institución», explica.

Comprender cómo opera el sistema desde la perspectiva de la institución le permite asesorar con mayor claridad sobre qué es posible hacer y cuál es la mejor manera de plantear cada gestión.

De la gestión marcaria a una asesoría más estratégica

En los próximos cinco años se imagina consolidado en la propiedad intelectual, con una práctica orientada no solo a la gestión de trámites, sino también a la asesoría estratégica de activos intangibles y expansión regional.

La gestión de portafolios marcarios seguirá siendo uno de sus focos, mientras busca profundizar en tecnología, innovación y propiedad industrial, especialmente en áreas vinculadas con la inteligencia artificial.

«Creo que precisamente una de las cosas que más me gusta de esta rama es que está en constante evolución. La tecnología cambia, aparecen nuevos modelos de negocio y con ellos surgen nuevos retos jurídicos, por lo que considero que siempre hay algo nuevo que aprender», afirma.

Después de transitar por el derecho cooperativo, el cobro judicial y el sector público, encontró en la propiedad intelectual un punto de encuentro entre el derecho, la innovación y los negocios. Ahora busca avanzar hacia una práctica que le permita anticiparse a las necesidades de sus clientes, identificar oportunidades y diseñar estrategias para proteger y potenciar sus activos.

«Mi objetivo es poder llegar a ser un abogado que no solamente responda cuando existe un problema, sino que pueda anticiparse a las necesidades del cliente, identificar oportunidades y proponer estrategias para proteger y potenciar sus activos de propiedad intelectual».

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