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El impacto de la inteligencia artificial en la protección de datos

Garantizar la privacidad y ciberseguridad debe ir de la mano con la tecnología, con beneficios que superen riesgos de manera responsable, mediante el diálogo y educación.

El impacto de la inteligencia artificial en la protección de datos

La aceleración de la tecnología y cada cambio tienen un impacto drástico en nuestras vidas personales y corporativas.

Por Magali García y Jorge Allende, Allende & García Abogados, info@allendegarcia.com.pe

La protección de datos se encuentra fuertemente desafiada por el rápido crecimiento de la inteligencia artificial (IA), pues ésta implica el uso de Big Data -infinidad de datos de diferentes orígenes- segmentados en diferentes categorías. La mayoría de las IA débiles requieren de esta información sin la cual no podrían aprender ni tomar decisiones inteligentes para evitar errores. Esta es la única manera en la que logran su máximo desempeño.

Como consecuencia, la aceleración de la tecnología y cada cambio tienen un impacto drástico en nuestras vidas personales y corporativas.

Al día de hoy contamos con una legislación desactualizada para nuestro contexto tecnológico; ya que se pensaba que la información era limitada y por lo tanto controlada; sin embargo, sabemos que la protección de datos es un constante estado de vigilancia; una simple foto puede ser un robo de identidad.

Los evidentes riesgos en la relación “Datos e IA” son las “decisiones automatizadas” tomadas por el sistema con datos personales, para analizar y determinar perfiles financieros, por ejemplo, o decisiones respecto al futuro de una persona afectando los derechos fundamentales. ¿Cómo? basándose en una fórmula matemática neutral y –supuestamente- objetiva.

Sí, la IA es muy buena para establecer patrones y agilizar procesos. Así, tenemos los procesos comerciales, la información para la atención médica y claro: para mitigar los riesgos. Sin embargo, la IA es instruida por información que le brinda el mismo ser humano (el cual lleva consigo sesgos culturales y de conocimiento, por decir lo menos); por lo tanto, también podría evidenciar el vacío cognitivo o convertirse en reflejo de nosotros mismos.

¿De qué serviría la IA si esto afecta el principio fundamental de la persona como el derecho a la privacidad? ¿Dónde está el discernimiento de la IA?

La respuesta no es muy compleja. La solución está en la facultad (humana y legal) para construir un desarrollo legítimo y ético en su formación, es decir en su instrucción, educación y llenado de información, que incluya una evaluación frecuente de riesgos -como cualquier proyecto en construcción y constante cambio-.

Nutrirla de datos sensibles pero regularizados, despojados de toda sensibilización o sesgo humano, sería un inicio prudente. Generar regulaciones sobre el contenido visual producido dentro de una IA es un ejemplo para empezar a implementar restricciones y evitar contenido irresponsable (para los que existirán desarrollos -otras IA- automatizados y restrictivos, sin duda).

Garantizar la privacidad y ciberseguridad debe ir de la mano con la tecnología, con beneficios que superen riesgos de manera responsable, mediante el diálogo y educación.

Este es el gran desafío que enfrentan los abogados de hoy.

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