Varios
Gabriela Miranda: el arte de viajar, descubrir y vivir el presente
Para Gabriela Miranda (BDO, Costa Rica), el tiempo libre es algo más que un descanso de la vida profesional: es una oportunidad para mirar hacia afuera y, al mismo tiempo, volver hacia adentro.
Egipto, Katmandú y Jordania esperan en su lista de próximos destinos.
Por Claudia Pérez
Viajar, leer, hacer ejercicio y descubrir nuevos lugares forman parte de una misma búsqueda: disfrutar el presente, mantenerse curiosa y permanecer abierta a nuevas experiencias.
Libros para detenerse
La lectura ocupa un lugar especial. Entre los libros que más la han marcado está Antes de que se enfríe el café, una historia que conecta con su manera de entender la vida. También elige Come, reza, ama, por su invitación a preguntarse cuánto de lo que hacemos responde a nuestros propios deseos y cuánto a las obligaciones o estructuras sociales. Y El Principito, por recordar la belleza de las pequeñas cosas y la importancia de no perder la capacidad de sorprenderse.
Cuidarse pensando en el mañana
El ejercicio adquirió otro significado después de la muerte súbita de su padre, cuando todavía era joven. La experiencia la llevó a tomar mayor conciencia sobre la importancia de cuidar la salud.
«Yo no hago ejercicio por nada más que para tener una vida sana y, sobre todo, una vejez que me permita ser independiente».
Ahora le gustaría volver al volleyball, que practicaba en el colegio, y retomar el ballet, disciplina que conoce desde otra perspectiva: durante una etapa de su vida fue profesora de baile.
Viajar para conocerse
Gabriela se define, con humor, como una «turista gastronómica». Pero viajar representa mucho más que probar nuevos sabores. Muchas veces lo hace sola, una experiencia que le permite descubrir sus propios ritmos, conocer personas y acercarse a otras formas de vivir.
Uno de sus recuerdos más significativos ocurrió durante su primer viaje sola a Europa. Una noche de domingo se perdió en Roma, sin internet ni transporte público, y terminó refugiándose en una iglesia. Una joven familia con una bebé se acercó, la ayudó a ubicarse, le dio agua y consiguió que regresara a su hotel.
Años después, volvió a encontrar solidaridad en desconocidos, entre ellos personas del hotel y de un restaurante que frecuentaba. Una de aquellas personas continúa en contacto con ella y es, en sus palabras, «un ángel» en su vida.
Para desconectarse, Gabriela elegiría un libro, Roma y el mar: Antes de que se enfríe el café, una caminata o carrera junto a la costa y ningún audífono, «solo escuchando las olas».
Mientras tanto, Egipto, Katmandú y Jordania esperan en su lista de próximos destinos.