Varios
Inteligencia artificial y propiedad intelectual: el valor del criterio jurídico en la nueva era tecnológica
Marcasur reunió a seis referentes internacionales en una nueva Ronda de Negocios para analizar cómo la inteligencia artificial y la gestión de datos están transformando la profesión de propiedad intelectual. La presión sobre los honorarios, la capacitación de los equipos y la necesidad de aportar valor estratégico estuvieron entre los principales desafíos del debate.
El intercambio puso sobre la mesa una transformación que va más allá de la incorporación de nuevas herramientas.
La ronda fue presentada por Juan Antonio Pittaluga y moderada por Marcelo García Sellart. Participaron Gustavo Giay, socio de Marval O'Farrell Mairal (Argentina); Laura Collada, managing partner de Dumont (México); Myrtha Hurtado Rivas, directora jurídica global de Nestlé Waters & Premium Beverages; Ricardo Fischer, de ArentFox Schiff (Estados Unidos); Luiz Henrique do Amaral, coordinador del Comité Ejecutivo de Dannemann Siemsen Advogados (Brasil); y Carlos González, abogado argentino radicado en España.
El intercambio puso sobre la mesa una transformación que va más allá de la incorporación de nuevas herramientas: el sector también enfrenta cambios en la demanda de servicios, en la forma de facturar y en las competencias que necesitan los profesionales para seguir siendo relevantes.
Un mercado en transformación: tecnología, generaciones e incertidumbre
Laura Collada identificó tres fuerzas que están redefiniendo la profesión: “inteligencia artificial, cambio generacional e incertidumbre global”.
A la transformación tecnológica se suman nuevas expectativas sobre el trabajo y el desarrollo profesional, en un escenario internacional marcado por conflictos, crisis económicas y restricciones comerciales. Para los estudios jurídicos y los departamentos corporativos, este contexto plantea el desafío de adaptar sus prácticas a un entorno cambiante.
Desde una perspectiva empresarial, Gustavo Giay describió el momento que atraviesa la disciplina con una expresión contundente: “Yo veo la propiedad intelectual en su prime”.
Según explicó, los activos intangibles ocupan un lugar cada vez más importante en las transacciones y las decisiones de negocio. Esto abre oportunidades para que los especialistas en propiedad intelectual participen desde etapas más tempranas en las discusiones estratégicas de las empresas.
Giay advirtió, sin embargo, que la adaptación no depende solo de la tecnología. “Hablamos mucho de transformación tecnológica, pero me parece que hablamos poco de la transformación humana y cultural de las personas que necesitan adaptarse a esta nueva realidad”, señaló.
Los datos como ventaja competitiva
La relación entre los datos y la propiedad intelectual fue uno de los ejes del debate. Myrtha Hurtado Rivas señaló que, en muchas organizaciones, la gestión de datos, la privacidad, la ciberseguridad y la propiedad intelectual siguen funcionando como áreas separadas. Esa falta de conexión dificulta evaluar los riesgos y las oportunidades de manera integral.
Para la ejecutiva, vincular estas áreas permitiría comprender mejor las implicancias jurídicas y comerciales del uso de la información y ampliar la contribución de la propiedad intelectual a la estrategia empresarial.
Ricardo Fischer puso el foco en la capacidad de convertir los datos y el conocimiento en resultados útiles para los clientes.
“Data is king”, resumió. También señaló que cada organización dispone de información y experiencia propias que pueden generar valor cuando se combinan con las herramientas tecnológicas.
El acceso a la inteligencia artificial, sin embargo, no constituye por sí solo una ventaja exclusiva. Fischer observó que los clientes también pueden utilizar estas herramientas, por lo que la diferenciación depende cada vez más del conocimiento acumulado, la información organizada y la experiencia necesarios para interpretar los resultados y transformarlos en soluciones adecuadas para cada negocio.
El criterio jurídico frente a la inteligencia artificial
La automatización agiliza tareas y amplía el acceso a la información, pero la interpretación de los resultados y la evaluación de riesgos siguen exigiendo juicio profesional.
Laura Collada lo expresó con claridad: “Se tiene que preservar el criterio jurídico frente a la inteligencia artificial, que ese es el valor agregado”.
Esta cuestión cobra especial relevancia en los servicios rutinarios, como la presentación y tramitación de solicitudes, que están sometidos a una creciente presión competitiva a medida que se automatizan y se perciben como prestaciones estandarizadas. En ese contexto, el análisis jurídico, la estrategia y la capacidad para resolver problemas complejos adquieren mayor importancia.
Fischer añadió que el pensamiento crítico será especialmente relevante para las nuevas generaciones de abogados. No basta con utilizar una herramienta avanzada: también es necesario formular las preguntas adecuadas, evaluar sus respuestas y reconocer posibles errores.
El modelo de negocio bajo presión: ¿cómo justificar los honorarios?
La inteligencia artificial también está impulsando una revisión de los modelos de facturación. Carlos González puso el foco en la presión que enfrentan especialmente los estudios pequeños y medianos, cuyos clientes disponen de más herramientas para acceder a información, preparar documentos y cuestionar los tiempos y costos de los servicios.
La reducción del tiempo necesario para determinadas tareas abre un interrogante sobre los modelos de facturación: ¿cómo reflejar el valor del análisis, la experiencia y la estrategia cuando una parte de la ejecución se automatiza?
Luiz Henrique do Amaral describió una dinámica similar en el mercado de la propiedad intelectual: los servicios de presentación de solicitudes, renovaciones y anualidades están sometidos a una presión creciente sobre sus precios, mientras que los asuntos complejos siguen requiriendo experiencia y análisis especializado.
Frente a este escenario, Myrtha Hurtado Rivas propuso que los asesores externos evolucionen hacia un papel más estratégico: “La idea es que tú no te limites a responder consultas puntuales, sino que tengas una visión más exhaustiva y más amplia para poder abarcar todos los problemas jurídicos que el cliente aún ni siquiera ha identificado”.
La propuesta supone ampliar el alcance del asesoramiento: además de resolver asuntos concretos, los profesionales pueden contribuir a identificar riesgos y cuestiones jurídicas que todavía no han sido reconocidos dentro de la organización.
Capacitación y adaptación: la tecnología necesita personas preparadas
La incorporación de estas herramientas también exige cambios dentro de las organizaciones. Luiz Henrique do Amaral explicó que en Dannemann Siemsen Advogados están impulsando programas de capacitación para que sus profesionales aprendan a utilizarlas y se adapten a una nueva distribución del trabajo.
El desafío consiste en mejorar la eficiencia y permitir que los equipos dediquen más tiempo a las tareas que requieren experiencia y criterio. La revisión humana de los resultados sigue siendo fundamental antes de entregar un trabajo al cliente. Do Amaral resumió su valoración de este proceso: “Estamos cambiando para mejor, para ser más eficientes…”.
Ricardo Fischer rechazó la idea de enfrentar tecnología y personas como si fueran alternativas excluyentes.
“No es una o la otra”, afirmó. “Para mí la tecnología potencia lo que nosotros hacemos”.
El especialista recomendó experimentar con las nuevas herramientas, aprender a utilizarlas y explorar cómo pueden mejorar el trabajo cotidiano.
Giay, por su parte, subrayó que la transformación debe ir más allá de las iniciativas individuales: requiere liderazgo, formación y una cultura organizacional que facilite la incorporación de nuevas prácticas. La adaptación, desde esta perspectiva, no depende únicamente de disponer de tecnología, sino también de preparar a las personas para utilizarla.
Transparencia y ética en el uso de la inteligencia artificial
El uso de estas herramientas plantea interrogantes sobre la confidencialidad, los datos personales y la documentación estratégica de las empresas. También pone en primer plano la relación de confianza entre los asesores y sus clientes.
Hurtado Rivas advirtió sobre la necesidad de que los clientes conozcan cómo se utiliza la inteligencia artificial en los servicios que reciben.
“Creo que hay un gran problema con la falta de transparencia, en qué se está utilizando la IA, en qué no se está utilizando la IA y para qué ámbitos del negocio”, señaló.
Collada vinculó esta cuestión con la responsabilidad ética de los profesionales: “La inteligencia artificial no tiene moral compass, lo tenemos que tener nosotros”.
Estas intervenciones sitúan la transparencia y la ética entre los aspectos centrales de la adopción tecnológica. Para los estudios jurídicos, el desafío no consiste únicamente en aprovechar las herramientas disponibles, sino también en gestionar adecuadamente la información y comunicar con claridad cómo se utilizan en la prestación de sus servicios.
Una oportunidad para reinventar la profesión
Pese a los desafíos, el panel también puso de relieve las oportunidades que abre esta transformación. La evolución de las marcas, las patentes y los mecanismos de protección, junto con el desarrollo de invenciones asistidas por inteligencia artificial, puede ampliar el campo de actuación de los profesionales de la propiedad intelectual.
Carlos González destacó que la diferenciación seguirá dependiendo de factores esenciales del servicio profesional: “La diferencia va a estar siempre en la calidad, en la comunicación con el cliente, en el saber hacer”.
Fischer, por su parte, dejó un mensaje directo para quienes todavía observan con cautela la transformación tecnológica: “Mi mensaje es no le tengamos miedo a la tecnología”.
En el cierre del encuentro, Myrtha Hurtado Rivas planteó una reflexión que amplía el alcance del debate: “Yo creo que quizás el futuro de la profesión de propiedad intelectual no esté tanto en la propiedad intelectual, sino más bien en cómo manejar una ventaja competitiva intangible”.
Su planteo invita a pensar la propiedad intelectual no solo como una disciplina jurídica, sino también como parte de una estrategia más amplia de gestión de los activos intangibles de las empresas. En ese escenario, la oportunidad para los profesionales estará en contribuir a identificar, proteger y aprovechar esos activos para generar valor.