Nada es gratis en esta vida
Autor: Álvaro Arévalo P.
Cuevana se ha transformado en un popular portal para reproducir y bajar series y películas (incluso estrenos) sin tener que pagar ni un peso. Incluso al creador del sitio, el joven argentino Tomás Escobar, se le consigna como el nuevo Mark Zuckerberg, haciendo referencia al creador de Facebook.
Cuevana se ha transformado en un popular portal para reproducir y bajar series y películas (incluso estrenos) sin tener que pagar ni un peso. Incluso al creador del sitio, el joven argentino Tomás Escobar, se le consigna como “el nuevo Mark Zuckerberg”, haciendo referencia al creador de Facebook.
Frente a tanta “maravilla” de este y otros sitios web similares surge una duda: ¿qué pasa con aquellas empresas y trabajadores que, tomando como opción de vida dedicarse a la industria audiovisual, han hecho de la misma su profesión? ¿Les es indiferente este “costo cero”?
Un punto importante en el análisis es tener claro si el almacenamiento digital es una forma de reproducción. Sin duda, lo es. En consecuencia, esta forma de reproducción sin autorización por parte de sus titulares infringe las normativas de derechos de autor no sólo nacionales, sino también las que han sido plenamente ratificadas por la gran mayoría de los Estados, llámense Convenio de Berna, de 1886, o bien los Tratados de la OMPI sobre Internet, más de un siglo después, en 1996.
Puede intentar justificarse esta conducta con otras motivaciones tales como la obsolescencia de un modelo de negocios en el arriendo de películas (como ocurrió con la industria discográfica), o bien una cruzada en favor de producciones de bajo presupuesto para que artistas y directores den a conocer su trabajo. Pero no debemos olvidar que el derecho de autor, al igual que todo otro derecho de propiedad, es fundamentalmente humano y, por ende, su violación puede afectar tarde o temprano a todos.
Nuestra bipolaridad, amor por las películas y odio por tener que pagar cualquier tipo de monto por su reproducción, ¿favorece a los creadores y su industria? Ésta es una pregunta que todos debiéramos hacernos, porque más allá de los juicios de valor que uno pueda efectuar, tarde o temprano el derecho hará lo suyo.
Si no, pregúntenle a los dueños de Taringa! (sitio web también argentino, de características análogas a Cuevana), procesados como “partícipes necesarios” por violaciones al derecho de autor en dicha nación. No vaya ser que, en el mediano plazo, aquello que decimos amar comience a morir, justamente producto del desaliento y de la consecuente sequía de obras nuevas, al no haber incentivos para la comunidad artística. Es decir, la aversión a pagar por el trabajo ajeno tiene su costo… porque, nos guste o no, nada es gratis en esta vida.




