Obra de arte, Naciones Unidas
Ramas, blanco y azul. Tres elementos que abrazan un mapa del mundo para identificar al instante la organización más conocida del planeta.
Durante la Conferencia de las Naciones Unidas realizada en San Francisco en 1945 se le encargó a un comité el diseño de un logo para que los delegados de los países miembros utilizaran como pin. El comité estuvo liderado por el diseñador industrial estadounidense Oliver Lundquist y luego de un trabajo mucho más intenso del esperado finalmente se llegó a una imagen final, elaborado por el arquitecto también estadounidense Donald McLaughlin.
El emblema redondo tenía al comienzo una proyección del mundo centrado en los Estados Unidos (país anfitrión de la conferencia) y omitía a Argentina, que en ese momento no era integrante de la organización. El mundo era rodeado por ramas, símbolos de la paz tras la Segunda Guerra Mundial, en un mensaje claro: mostrar que los países del mundo entero debían estar en paz unos con otros. El color blanco de la imagen también reforzaba el sentido de la paz, mientras el fondo azul fue elegido para ser lo contrario del rojo, el color de la guerra debido a su identificación con la sangre.
El diseño resultó tan aclamado que el 20 de octubre de 1947 fue adoptado como bandera de las Naciones Unidas y hoy es uno de los logos más reconocidos del mundo y rápidamente relacionado con tareas humanitarias y búsqueda de bienestar global. Eso sí, la versión gira la proyección del mundo al oeste, haciéndolo más equilibrado y mostrando a todos los continentes, incluido el sur de América del Sur.
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