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Abogados en ascenso: Tarso Mesquita Machado

Desde su posición al frente de la División de Patentes Electrónicas de Kasznar Leonardos, observa que el mayor desafío consiste en demostrar que una invención implementada mediante inteligencia artificial trasciende un algoritmo y produce un efecto técnico concreto.

Abogados en ascenso: Tarso Mesquita Machado

Tarso Mesquita Machado

Por Claudia Pérez

Hay carreras que se planifican desde el primer día y otras que surgen casi por casualidad. Para Tarso Mesquita Machado, líder de la División de Patentes Electrónicas de Kasznar Leonardos, el camino hacia la propiedad intelectual comenzó durante una pasantía obligatoria de Ingeniería Electrónica y terminó convirtiéndose en una vocación que hoy combina tecnología, derecho e innovación.

"Debo confesar que, durante mis estudios de Ingeniería Electrónica, sabía muy poco sobre propiedad intelectual", recuerda. En aquel entonces imaginaba una carrera dedicada a la investigación y al desarrollo en una empresa multinacional. Sin embargo, su primer contacto con un estudio especializado cambió por completo esa perspectiva. Aunque la adaptación al lenguaje jurídico no fue sencilla, pronto descubrió que proteger una invención exige tanto comprender la tecnología como traducirla a un lenguaje legal capaz de definir con precisión aquello que debe protegerse.

El desafío intelectual fue precisamente lo que terminó por convencerlo. "Lo que terminó de conquistarme fue darme cuenta de que la rutina nunca es la misma. Trabajar con patentes significa estar aprendiendo constantemente sobre nuevas tecnologías y tener la oportunidad de interactuar con inventores altamente especializados", afirma. Esa posibilidad de aprender de forma permanente continúa siendo, hasta hoy, uno de los mayores atractivos de su profesión.

Su trayectoria académica refleja esa búsqueda constante de conocimiento. Después de graduarse como ingeniero, cursó una maestría en Sistemas Inteligentes y Automatización y más tarde obtuvo un doctorado en Innovación y Propiedad Intelectual. Curiosamente, su interés por la inteligencia artificial nació mucho antes del auge actual de esta tecnología, durante un proyecto universitario desarrollado en 2011.

"Mi trabajo doctoral se centró en los requisitos de patentabilidad de las invenciones basadas en inteligencia artificial", explica. Aquella investigación terminó convirtiéndose en una herramienta cotidiana para asesorar a empresas que buscan proteger tecnologías basadas en IA. A su juicio, comprender la innovación ya no es suficiente: también resulta indispensable conocer los criterios que aplican las principales oficinas de patentes del mundo.

Desde su posición al frente de la División de Patentes Electrónicas de Kasznar Leonardos, observa que el mayor desafío consiste en demostrar que una invención implementada mediante inteligencia artificial trasciende un algoritmo y produce un efecto técnico concreto.

"Es fundamental identificar dónde reside la contribución técnica de la invención", sostiene. En Brasil, donde los programas de computadora y los métodos matemáticos per se no son patentables, la estrategia de redacción resulta decisiva para evidenciar el carácter técnico de la solución. En telecomunicaciones, en cambio, el reto suele estar en la enorme cantidad de antecedentes existentes y en cuestiones complejas como las patentes esenciales para estándares (SEPs).

Para Mesquita Machado, el futuro de la propiedad intelectual estará marcado por debates que van mucho más allá de la patentabilidad. Uno de ellos será la utilización de obras protegidas para entrenar modelos de inteligencia artificial; otro, el impacto que tendrán millones de documentos generados automáticamente sobre el análisis de novedad y actividad inventiva.

"Tal vez la gran pregunta ya no sea únicamente qué es capaz de crear la inteligencia artificial, sino qué seguiremos eligiendo valorar, como sociedad, como una creación genuinamente humana", reflexiona. En su opinión, ese será uno de los debates jurídicos y éticos más relevantes de la próxima década.

En 2023 recibió el premio FICPI Under 40, un reconocimiento internacional que, lejos de interpretar como un logro individual, atribuye al trabajo colectivo. "Muchas veces, los reconocimientos son individuales, pero solo son posibles porque detrás hay un equipo que sostiene ese trabajo día tras día", afirma al referirse a sus colegas de Kasznar Leonardos.

Respecto de las nuevas generaciones, considera que la propiedad intelectual es un ámbito especialmente atractivo para quienes sienten curiosidad por la tecnología. "La propiedad intelectual suele atraer a personas curiosas. Es un campo para quienes disfrutan estudiar, leer y, sobre todo, imaginar", asegura. Aunque reconoce que hoy existen excelentes programas de formación y herramientas de inteligencia artificial capaces de acelerar el aprendizaje, insiste en que ninguna reemplaza la experiencia práctica adquirida en un estudio o departamento especializado.

Su propia historia resume esa idea en una frase que define su carrera: "Nunca dejé de ser ingeniero; simplemente empecé a resolver problemas diferentes. En lugar de diseñar tecnologías, hoy ayudo a protegerlas y a convertirlas en activos estratégicos para empresas e inventores".

Fuera del ámbito profesional, disfruta de los videojuegos, el cine, las series y los viajes. Estudia japonés desde hace siete años y recientemente cumplió uno de sus sueños al realizar un intercambio en Japón, donde convivió con familias locales. Mientras tanto, dentro de Kasznar Leonardos lidera un grupo dedicado a evaluar nuevas herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la práctica profesional.

"Creo que es importante que los estudios sigan de cerca esta evolución, porque solo conociendo bien estas herramientas podremos utilizarlas de forma eficiente, responsable y con el debido sentido crítico", concluye.

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