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Cecilia Falconi: joyería ancestral

Su interés por la joyería y el diseño de indumentaria nace de una afinidad natural con la estética, la moda y los accesorios. Para Cecilia, la joyería cumple hoy un rol cultural que va mucho más allá de lo ornamental.

Cecilia Falconi: joyería ancestral

La necesidad de crear con las manos no surgió de manera casual. Cecilia Falconi (Falconi Puig, Ecuador) reconoce una herencia familiar marcada por el arte y la sensibilidad creativa: «He admirado a los artistas de la familia: mi bisabuelo Eduardo Puig Arosemena, una de sus hijas, Betty Puig Lince, y a Paula Arias, mi hija». Pero también hubo un detonante emocional. «Los momentos surgieron a partir de la tristeza, la soledad, la angustia; los convertí en momentos de gratitud, de encuentro con mi ser, de alegría, felicidad, satisfacción», explica.

Del gusto estético al lenguaje propio

Su interés por la joyería y el diseño de indumentaria nace de una afinidad natural con la estética, la moda y los accesorios. Sus primeras creaciones estuvieron inspiradas en las aceras tejidas de Río de Janeiro, un detalle urbano que se transformó en diseño textil. Más tarde llegaron los accesorios, impulsados por el descubrimiento de materiales diversos, cobre, cerámica, vidrio y metales, hallados en mercados de pulgas europeos y en ciudades mexicanas donde «los colores manifiestan historias, tradiciones, sensaciones».

A esa exploración sumó elementos de su Ecuador natal, incorporando cerámicas de las culturas Chorera y Valdivia. En esos primeros collares no hubo un manifiesto previo ni una intención conceptual rígida: «La realidad es que todo surge de la imaginación, de la disposición de los materiales con los que cuento».

FRANCA: memoria, arte e identidad

FRANCA no es solo una marca; es un relato personal y cultural. Su nombre remite a una figura clave de la historia artística ecuatoriana: «El Ecuador tuvo un gran artista guayaquileño que me llamó la atención desde pequeña, su nombre: Emilio Solá Franco, de ahí mi seudónimo en el arte, C. Solo Franca, mismo que trasladé a mi marca FRANCA».

El lema joyas ancestrales condensa una mirada sobre identidad, memoria y territorio. Para Cecilia, trabajar desde esa idea implica «recuperar la memoria a través de esta expresión, rescatar la vida de los colores plasmados en piedras, metales y telares». Su inspiración se expande en el tiempo y el espacio: « me remito a los egipcios, a los Valdivia, a los Incas».

Joyería ancestral e identidad ecuatoriana

Ecuador posee una tradición orfebre milenaria y profundamente simbólica, y esa herencia atraviesa la obra de Cecilia. «Me inspira la expresión de las culturas precolombinas, la Venus de Valdivia y otras figuras, las habilidades artesanales de varias culturas, como son los Otavalos», señala.

Al diseñar, su trabajo oscila entre el diálogo con la tradición y la reinterpretación contemporánea. «Es una combinación de ambas expresiones, desde la herencia cultural presente con fuerza en mi entorno familiar por el amor a la historia, el arte y la cultura, y con una mirada más contemporánea, atractiva, sensual».

Para Cecilia, la joyería cumple hoy un rol cultural que va mucho más allá de lo ornamental. Recuerda que en distintas comunidades ecuatorianas los adornos forman parte de la vida cotidiana y poseen significados profundos: «Las culturas Shuar y Ashuar, y otras, conservan sus adornos en orejas, nariz, pómulos; otras como los Otavalos y los Zuletas preservan los accesorios en manos y cuello con elementos que implican signos de protección, como es el uso de las manillas de mullos rojos que lucen en cada muñeca».

Sostenibilidad, materiales y sentido

En un contexto donde la sostenibilidad ocupa un lugar central, Cecilia es clara sobre la importancia del origen de los materiales y del trabajo artesanal. «El origen de los materiales es esencial, busco piezas especiales, piezas antiguas, hechas con materiales naturales, en su mayoría creadas o intervenidas por artesanos que llevan su historia y tradiciones con un inmenso sentido de preservación».

Además de la joyería y la indumentaria, la pintura ocupa un lugar central en su vida. Cecilia comenzó a pintar en acuarela en el verano de 2020, y la experiencia fue reveladora: «Descubrí la profunda paz y armoniosa creatividad al pintar, dibujar, crear». Dos de sus obras incluso encontraron hogar en Brasil, adquiridas por colegas durante ASIPI Arte.

Armonía, belleza y potencia

Al pensar en quien usa una joya FRANCA, Cecilia desea que la experiencia sea sensorial y emocional: «Armonía, belleza, potencia». Y al cerrar, reflexiona sobre el valor personal de estos pasatiempos: «Los momentos que dedico a estas pasiones son inmensamente saludables y amorosos, son espacios en que me encuentro sola, con mi alma y mente en acción».

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