Innovar como civilizar
Son las once de la mañana del 12 de noviembre de 2013 en el Museo de la Nación, es el día de la premiación en la exhibición del XII Concurso Nacional de Invenciones
Por Alejandro Gamero Salas
Organizado aquí por Indecopi y Concytec, de un total de 260 postulantes preseleccionados se seleccionó a 66 inventos para esta exhibición y para una evaluación que determinará la entrega el día de hoy de 12 reconocimientos clasificados en 8 áreas temáticas que reúnen la diversidad de las actividades humanas presentadas por inventores de todo el país. Las 66 soluciones industriales obtendrán un subsidio respecto a los derechos de trámite de solicitud de patente. Los dos premios principales implican representar al Perú en el Salón de Invenciones de Ginebra.
La declaración de los ganadores muestra la búsqueda de reconocimiento de los inventores por una labor generalmente invisible. Esa voluntad de participar, de aportar una impronta única al mundo, es un vector común de toda la sociedad en cualquier actividad, define nuestra individualidad y constituye la fuerza de la Ciudad, donde fluye todo aquello que tiene valor, como citó Tucídides a Pericles.
Este año la invención ganadora del máximo reconocimiento fue “el preparador automático de muestras de esputo” que realiza de forma automática el pintado de las muestras de esputo de pacientes, lo cual uniformiza las muestras microbiológicas para el conteo de bacilos de Koch y permite disminuir el riesgo de un diagnóstico inexacto de la tuberculosis. Este invento fue realizado por un equipo de estudiantes y exalumnos de la Pontificia Universidad Católica del Perú y se hizo acreedor al premio principal de “Patente de Invención” así como al primer lugar en su categoría de “Biotecnología y medicina” ganando el honor de representar al Perú en el 42º Salón Internacional de Invenciones en el Palexpo de Ginebra a realizarse del 2 al 6 de abril del 2014.
Siempre se relaciona a las patentes sólo con el lucro y el monopolio, pero cada solución industrial civiliza primero, y genera renta después. Según el diccionario Merriam-Webster, “Civilize” es: “desarrollar algo sacándolo de un estado primitivo”, aunque nosotros damos por hecho ese esfuerzo por desarrollar las cosas triviales que nos rodean y que hacen posible nuestras cómodas vidas. Mientras escribo estas líneas observo que mi escritorio (Patent:US5486042A), el teclado (US20130183074A1), e incluso los clips (US5329672A) dispersos aleatoriamente bajo el soporte (EP1626222 B1) del monitor, comenzaron como solicitudes de patentes, como pequeños granos de arena que enfrentan el océano del consumo. Internet puede conducirnos a la solicitud de patente de cada uno de esos productos que forman la “realidad” y apreciaríamos el universo de su minuciosa fabricación.
En nuestro país, miles de documentos de patentes de libre disponibilidad duermen ocultos en el registro aunque ya son parte del dominio público, solamente porque no están íntegramente disponibles en línea, duermen esperando que nuestra gente vuelva a fabricar. El 13 de mayo de 2013, con la publicación de la Ley N.° 30018, “Ley de promoción del uso de la información de patentes” nuestro Gobierno ha ordenado implementar bases de datos de patentes de acceso libre y gratuito a fin de fomentar la innovación. Estamos esperando que la Dirección de Invenciones y Nuevas Tecnologías de Indecopi implemente, actualice y sostenga estas esperadas bases de datos. Sin esta fuente gratuita de todos los documentos de las patentes en Internet seguirá siendo muy difícil para los inventores redactar las reivindicaciones, y los demás esfuerzos por la innovación corren el riesgo de convertirse en meros simulacros.
La innovación es un proceso sutil que se aprecia con la sensibilidad del tiempo. Viendo la diversidad de los productos en exhibición recordaba 1984 cuando la gente veía sólo cinco canales de TV y sólo algunos usaban computadoras Commodore128 con 128K de memoria, inferior a la de un chip SIM, luego llegaron las compatibles AT con monitores monocromáticos y en los noventas las 486. Hoy me sorprendo a mí mismo en una netbook cocinando en plástico ABS los objetos 3D que acabo de dibujar en el Autodesk Inventor y me transporto a mi infancia en la cocina de Marina, mi madre, en la que ella me mostraba como convertía primitivas esencias en la identidad de nuestros complejos sabores familiares, con una plena conciencia de sus ingredientes y paciencia infinita. Hace mucho tiempo que la invención ha dejado de ser propiedad sólo de ingenieros, es hora de que todos volvamos a fabricar.
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