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Puga Ortiz: 100 años de tradición, independencia y visión de futuro

En 2025, la firma chilena Puga Ortiz celebra un siglo de trayectoria. Fundada en 1925 por don Mariano Puga Vega, la firma ha sido testigo de un Chile en constante transformación, acompañando desde cambios constitucionales hasta revoluciones tecnológicas y económicas.

Puga Ortiz: 100 años de tradición, independencia y visión de futuro

Hoy, con más de un siglo de historia, se mantiene como una de las casas legales más respetadas del país, combinando tradición y modernidad, y proyectando una visión de futuro basada en la ética, la independencia y la excelencia profesional.

En conversación con MarcaSur, Cristián Mir, socio de Puga Ortiz y líder del área de propiedad intelectual, comparte su visión sobre cómo la firma ha navegado los desafíos históricos, su experiencia personal en la promoción de la PI y cómo proyecta su relevancia para el siglo XXI y más allá.

Historia y legado: un siglo de cambios

Desde su fundación, Puga Ortiz se desenvolvió en escenarios complejos. La creación de la firma coincidió con la promulgación de la Constitución de 1925, que estableció un régimen presidencialista, separó definitivamente la Iglesia del Estado y otorgó al Estado un rol activo en la economía. Entonces, Chile tenía alrededor de cuatro millones de habitantes; hoy supera los diecinueve millones. Durante este período el país vivió procesos de expropiación, nacionalización, liberalización económica, crisis financieras, rupturas del orden constitucional y, finalmente, una transición democrática que redefinió instituciones y derechos.

«En estos contextos de incertidumbre jurídica, transformaciones institucionales y presiones políticas, el mayor desafío fue mantener la independencia y el compromiso con el Estado de derecho por sobre coyunturas circunstanciales», señala Cristián. La firma debió navegar por entornos legales cambiantes, adaptarse a nuevas estructuras regulatorias y resistir presiones políticas y económicas, manteniendo siempre su sello de profesionalismo.

La enseñanza que perdura, según Cristián, es clara: «La importancia de la ética profesional, la adaptabilidad y la capacidad de proyectarse con el desarrollo del país sin perder identidad». Desde su fundador, don Mariano Puga Vega, hasta las nuevas generaciones, el Estudio consolidó un legado de eficiencia, independencia y excelencia, capaz de trascender gobiernos y coyunturas históricas.

Redefinir la identidad para mantenerse vigente

En cien años, la adaptabilidad es imprescindible. Según Cristián, uno de los momentos más significativos de transformación de Puga Ortiz se produjo durante las décadas de 1980 y 1990 con la apertura económica y la globalización. Chile se integraba de manera más activa en los mercados internacionales, firmando tratados de libre comercio y recibiendo la llegada de firmas extranjeras. «El ingreso de firmas extranjeras, la internacionalización de la economía, la necesidad de abogados bilingües con estudios en el extranjero y las nuevas demandas de las generaciones jóvenes —más horizontales, diversas e innovadoras— obligaron a salir de la zona de confort», explica.

Para mantener su relevancia, Puga Ortiz pasó de ser un estudio tradicional y familiar a una firma moderna, profesionalizada y especializada en áreas como derecho corporativo, financiero, arbitraje, compliance y propiedad intelectual. Además, incorporó tecnología, gestión avanzada del talento y políticas internas más claras. «Conservar el prestigio histórico y mantenerse como un actor relevante en el mercado legal, y al mismo tiempo proyectarse hacia el futuro con nuevas áreas de práctica y un gobierno interno renovado —afirma Mir— ha sido clave para sostener nuestra relevancia».

El Estudio también desarrolló nuevas especialidades, incluyendo áreas emergentes como aguas, medio ambiente y fintech, consolidándose como un referente en la adaptación a los desafíos contemporáneos. La enseñanza es contundente: la tradición no es estática; honrar un legado implica transformarse sin perder los valores que lo hicieron reconocido.

Cristián Mir y el impulso de la propiedad intelectual

La carrera de Cristián en Puga Ortiz refleja la consolidación de la propiedad intelectual (PI) como un área estratégica en Chile. «Desde el inicio, la propiedad intelectual me atrajo profesionalmente y poco a poco me fui incorporando a su práctica. Fue un proceso gradual, pero que confirmó que había espacio para crecer y aportar valor en un campo que entonces tenía baja visibilidad», comenta.

Su formación internacional también jugó un rol decisivo. «Tuve la suerte de cursar un LL. M. en Inglaterra recién casado, y posteriormente un programa de derechos de propiedad industrial en Japón. En Londres descubrí el pragmatismo inglés y un enfoque muy práctico del derecho. En Japón confirmé el valor de la rigurosidad, la disciplina y la constancia: principios que siempre terminan generando frutos», recuerda. Estas experiencias le permitieron incorporar buenas prácticas de sistemas jurídicos distintos, fortaleciendo la visión estratégica de la PI en Chile.

La evolución de Chile en el ámbito internacional consolidó la PI como un factor central en los negocios. Con la firma de múltiples acuerdos comerciales, entre otros con Estados Unidos y la Unión Europea, y la adhesión a tratados como el PCT, el TLT y el Protocolo de Madrid, la propiedad intelectual dejó de ser un área marginal. «Su inclusión en los capítulos centrales de las negociaciones comerciales demuestra que hoy la PI es clave para el desarrollo económico y la competitividad del país», explica Mir.

Sin embargo, la firma enfrenta desafíos persistentes: «Aún hace falta fortalecer la fiscalización, fomentar una mayor cultura de respeto por los intangibles, consolidar un marco regulatorio que potencie la innovación y establecer una regulación tributaria más precisa para los activos intangibles».

Reconocimiento y arbitraje internacional

El prestigio de Cristián se ha visto reflejado en su nombramiento como árbitro del Centro de Arbitraje y Mediación de la OMPI. Su experiencia previa como árbitro de NIC Chile para la solución de controversias de nombres de dominio .cl y en el Panel de Mediadores y Árbitros del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes le permitió desarrollar bases sólidas para asumir esta responsabilidad. «Ser nombrado árbitro del Centro de Arbitraje y Mediación de la OMPI es un desafío profesional de gran responsabilidad», afirma.

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